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El duelo de una madre ante la muerte de un hijo

Foto del escritor: Gaby Morales
Gaby Morales
30 abr 2021
6 min de lectura

Actualizado: 25 sept

Duelo por la muerte de un hijo


La muerte de un hijo o una hija puede transformar profundamente la vida de una madre. Junto con la ausencia de la persona que murió, pueden cambiar los proyectos imaginados, la dinámica familiar, la relación con otras personas y la propia manera de entender la maternidad.


Cada historia es distinta. Algunas madres compartieron años de vida con su hijo; otras atravesaron una pérdida durante el embarazo, poco después del nacimiento o en etapas tempranas de la infancia. También pueden variar las circunstancias de la muerte, la relación construida, la red de apoyo disponible y el momento vital en el que ocurre la pérdida. Ninguno de estos elementos determina cuánto debería doler ni cómo tendría que vivirse el duelo.


Después de una pérdida así pueden aparecer tristeza, enojo, culpa, impotencia, miedo, confusión, sensación de vacío o momentos de desconexión emocional. También pueden surgir preguntas sobre lo ocurrido, sobre lo que pudo haberse hecho de otra manera o sobre cómo continuar viviendo después de una experiencia que modifica profundamente la historia personal y familiar.


La maternidad tampoco desaparece con la muerte. El vínculo con un hijo puede seguir formando parte de la identidad, los recuerdos y la historia de una madre, aunque la manera de relacionarse con ese vínculo cambie con el tiempo. En medio de todos estos cambios, algunas acciones pueden ayudarte a cuidar de ti y a transitar el duelo con mayor sostén. No son pasos que debas cumplir ni tienen un orden determinado; puedes tomar de estas recomendaciones aquello que tenga sentido para ti y para el momento que estás viviendo.

Recomendaciones para sobrellevar la muerte de un hijo  Cuida de ti y da espacio a lo que sientes

Después de la muerte de un hijo, incluso las actividades más básicas pueden resultar difíciles. El sueño, el apetito, la concentración y la energía pueden cambiar, y quizá haya días en los que cuidarte requiera mucho más esfuerzo de lo habitual. En este momento no necesitas funcionar como antes. Trata de atender, en la medida de lo posible, necesidades básicas como alimentarte, descansar, hidratarte y continuar con los cuidados médicos que ya formen parte de tu vida.

También pueden aparecer emociones muy distintas: tristeza, enojo, culpa, miedo, impotencia, confusión o incluso momentos en los que parezca que no sientes nada. Algunas pueden presentarse juntas o cambiar de un día a otro. No existe una reacción emocional que tengas que experimentar para demostrar cuánto amabas a tu hijo.

Si necesitas llorar, puedes hacerlo; pero tampoco tienes que hacerlo para estar viviendo tu duelo. Algunas personas encuentran alivio hablando, escribiendo, permaneciendo en silencio, caminando, escuchando música o buscando momentos de intimidad. Lo importante es encontrar formas de expresar lo que sientes que sean seguras y tengan sentido para ti.

Si el enojo aparece, intenta reconocerlo antes de actuar desde él. Puedes buscar maneras de expresarlo sin hacerte daño ni dañar a otras personas. Y si notas que dormir, comer, cuidarte o realizar tus actividades cotidianas se vuelve cada vez más difícil, también puedes pedir ayuda; no necesitas esperar a sentirte completamente rebasada.

Conserva el vínculo y toma decisiones a tu propio ritmo

Después de la muerte de un hijo, sus objetos, fotografías, ropa, espacios y pertenencias pueden adquirir un significado especial. Algunas madres encuentran consuelo al conservarlos cerca; otras necesitan guardarlos, reorganizarlos o decidir poco a poco qué hacer con ellos. No existe un momento correcto para hacerlo.

Puedes conservar aquello que tenga un significado importante para ti, crear una caja de recuerdos, reunir fotografías, escribir sobre momentos compartidos o mantener algún objeto especial. También puedes decidir donar o regalar algunas pertenencias cuando sientas que es adecuado. Ninguna de estas decisiones determina cuánto amas a tu hijo ni cuánto estás avanzando en tu duelo.

Tampoco es necesario apresurarte a modificar su habitación o sus espacios. Para algunas personas hacerlo pronto resulta necesario; para otras, conservarlos durante un tiempo ofrece una sensación de continuidad y cercanía. Lo importante es que esas decisiones respondan a lo que necesitas y no a la presión de otras personas.

El vínculo con tu hijo puede mantenerse de muchas formas: nombrándolo, hablando de él, recordando anécdotas, celebrando fechas significativas o creando rituales personales. Con el tiempo, la manera de mantener ese vínculo puede cambiar, pero continuar viviendo no implica borrar su presencia de tu historia.

Si tienes otros hijos o en algún momento decides tener otro, cada relación ocupará su propio lugar. Un hijo no sustituye a otro, y tampoco necesitas comparar vínculos ni esperar que una nueva relación elimine la ausencia. Cada hijo forma parte de tu historia de una manera distinta.

Permite que otras personas te acompañen

En el duelo, algunas personas sabrán estar cerca de una manera que te haga sentir acompañada y otras quizá no sepan qué decir o cómo acercarse. Es posible que escuches frases que no te ayuden, aunque hayan sido dichas con buena intención. No tienes que aceptar todo lo que otras personas digan ni hacer espacio para comentarios que te lastimen. También puedes expresar con claridad qué necesitas y qué prefieres evitar.

A veces el apoyo más útil no está en las palabras, sino en acciones concretas. Puede ser que necesites ayuda para cuidar a otros hijos o mascotas, resolver pendientes, preparar comida, hacer compras, atender la casa o simplemente tener un momento para descansar. Pedir ayuda no significa que seas menos capaz; significa reconocer que estás atravesando una experiencia que puede requerir más sostén del habitual.

También puede ser importante contar con espacios donde puedas hablar de tu hijo y de lo que estás viviendo sin sentir que debes proteger a los demás de tu dolor. Algunas madres encuentran apoyo en amistades, familiares, grupos de duelo o acompañamiento psicológico especializado.

Si tienes pareja, recuerda que ambos pueden vivir la pérdida de formas distintas. Uno puede necesitar hablar mientras el otro busca silencio; uno puede querer cercanía y el otro necesitar momentos de distancia. Estas diferencias no significan necesariamente que uno esté sufriendo más o menos que el otro. Hablar sobre lo que cada uno necesita puede ayudar a cuidar la relación en un momento de gran vulnerabilidad.

Busca apoyo profesional cuando lo necesites

No todo duelo requiere psicoterapia, pero tampoco necesitas esperar a sentirte completamente rebasada para buscar ayuda. Puede ser útil contar con un espacio profesional si sientes que necesitas hablar de lo ocurrido con alguien fuera de tu círculo cercano, si la culpa, el enojo, la desesperanza o el aislamiento se vuelven muy intensos, o si cada vez te resulta más difícil cuidar de ti y mantener tus actividades cotidianas.

También puede ser importante pedir apoyo cuando sientas que la pérdida está afectando de manera profunda tu relación de pareja, la convivencia con otros hijos, tu trabajo o tu salud física, o si estás recurriendo con frecuencia al alcohol, medicamentos u otras sustancias para intentar disminuir lo que sientes.

El acompañamiento psicológico no busca apresurar el duelo, hacer que olvides a tu hijo ni indicarte cómo deberías sentirte. Puede ofrecerte un espacio para comprender lo que estás viviendo, trabajar aquello que te está resultando especialmente difícil y encontrar formas de integrar la pérdida respetando tu historia y el vínculo con tu hijo.

Continuar no significa olvidar

La muerte de un hijo puede cambiar profundamente la manera en que una madre entiende su vida, su familia y su propia historia. No existe una forma correcta de adaptarse a una pérdida así ni un momento en el que debas sentir que “ya pasó”. Habrá días más difíciles que otros, recuerdos que duelan de maneras distintas y momentos en los que necesites volver a pedir apoyo.

Con el tiempo, el vínculo con tu hijo puede encontrar nuevas formas de permanecer presente. Continuar viviendo no significa dejarlo atrás, sustituirlo ni disminuir lo que significó para ti. Puede significar aprender a integrar su ausencia y su recuerdo dentro de una vida que también sigue transformándose.

No necesitas hacerlo todo sola ni demostrar fortaleza constantemente. Puedes avanzar a tu propio ritmo, conservar lo que tenga sentido para ti y buscar apoyo cuando lo necesites.

Bibliografía

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