Mi primera Navidad sin ti
Actualizado: 25 sept

Cuando era niña, esperaba la Navidad con una emoción especial.
La casa de mi abuela tenía ese olor que para mí anunciaba que las fiestas habían comenzado: el ponche hirviendo en la estufa, la comida, el movimiento de la familia entrando y saliendo, las voces mezclándose unas con otras.
También estaban las luces rodeando el árbol, el nacimiento y las casas vecinas, la pedida de posada y el rosario que, cuando éramos niños, a veces queríamos que terminara rápido porque sabíamos que después venían cosas mucho más interesantes.
Y estaba ella.
Mi abuela.
Con sus costumbres, sus recetas, su manera de reunirnos y esa presencia que durante muchos años pareció formar parte natural de la Navidad. Uno no piensa demasiado en esas cosas mientras están ocurriendo. Simplemente supone que el próximo diciembre volverá a encontrar la misma casa, el mismo ponche, las mismas voces y a las mismas personas alrededor de la mesa.
Hasta que llega una Navidad en la que alguien falta.
Recuerdo la primera sin ella.
La casa seguía ahí. Las luces estaban encendidas. El ponche volvió a hervir en la estufa.
Pero el aroma era diferente.
No porque hubiera cambiado la receta, sino porque ella ya no estaba.
Extrañábamos las cosas grandes y también las pequeñas: la posada, el rosario, su receta secreta, el bullicio que se formaba a su alrededor. Pero, sobre todo, extrañábamos esa presencia suya que durante tantos años había ayudado a mover y reunir a la familia.
Creo que fue entonces cuando entendí que algunas ausencias también se sienten en los lugares, en los olores, en las canciones y en las tradiciones.
Porque cuando alguien importante muere, no desaparece únicamente una persona. También cambia la manera en que vivimos muchas de las cosas que compartíamos con ella.
Por eso las primeras fechas significativas pueden ser especialmente difíciles.
La primera Navidad.
El primer cumpleaños.
El primer aniversario.
La primera vez que volvemos a preparar aquella receta o escuchamos esa canción sabiendo que esa persona ya no estará físicamente para compartirla.
Han pasado años desde aquella primera Navidad sin mi abuela y mi forma de vivir su ausencia también ha cambiado. Hoy puedo recordar muchas de esas escenas con cariño: el ponche, la casa, las luces alrededor del árbol y el nacimiento, nuestras prisas infantiles por terminar el rosario, las reuniones familiares.
La tristeza no desapareció porque esos recuerdos dejaran de importar.
Cambió la manera en que puedo acercarme a ellos.
Y quizá eso sea algo que el duelo va enseñándonos con el tiempo: podemos volver a entrar en un recuerdo sin tener que dejar afuera a la persona que murió.
Si esta será tu primera Navidad sin alguien que amas —o si han pasado varios años y estas fechas siguen removiendo algo dentro de ti— no necesitas obligarte a vivirlas de una manera determinada.
Puedes querer reunirte o necesitar un poco de calma. Mantener las tradiciones, cambiarlas o dejar algunas en pausa. Puedes llorar al recordar y, unas horas después, reír con alguien que quieres.
Una cosa no traiciona a la otra.
Recordar a quien murió y continuar participando en la vida pueden existir en la misma mesa.
¿Cómo vivir las fiestas cuando estás en duelo?
No hay una forma correcta de pasar la Navidad después de una pérdida. Algunas personas necesitan mantener ciertas tradiciones; otras prefieren cambiarlas, reducirlas o simplemente no celebrar ese año. Antes de decidir qué hacer, puede ayudarte preguntarte algo muy sencillo: ¿qué necesito para atravesar estos días de la manera más amable posible conmigo?
Escucha lo que necesitas en estas fechas
Quizá quieras estar acompañada o acompañado. Tal vez necesites momentos de silencio. Puede que te haga bien participar en una reunión familiar o que prefieras estar solo un rato antes de llegar.
No tienes que cumplir expectativas ajenas ni fingir entusiasmo para que otras personas estén cómodas. Puedes explicar con claridad qué te gustaría hacer, cuánto tiempo quieres permanecer en una reunión o qué cosas prefieres evitar este año.
También puedes cambiar de opinión. Lo que hoy parece posible quizá mañana resulte demasiado, y está bien ajustar tus planes.
Cuidarte también puede significar celebrar de una manera diferente.
Hazle un lugar a su recuerdo
En estas fechas, recordar a quien murió puede sentirse doloroso, pero también puede ser una forma de mantener presente el vínculo.
Si te hace bien, puedes encender una vela, colocar una fotografía, preparar una receta especial, escuchar una canción, compartir una anécdota o simplemente nombrar a esa persona durante la reunión.
No necesitas hacer un gran ritual ni convertir el momento en algo solemne. A veces basta con un gesto pequeño que diga: sigues siendo parte de esta historia.
Y si este año no quieres mirar fotos, hablar de la pérdida o participar en un recuerdo familiar, también está bien. Recordar no tiene una sola forma.
Permite que convivan emociones distintas
En una misma celebración puedes sentir tristeza, nostalgia, calma y hasta alegría. Reírte un momento no significa que extrañes menos a quien murió, del mismo modo que llorar no arruina la Navidad.
Si en algún momento la emoción se vuelve demasiado intensa, puedes apartarte un rato, respirar, salir a caminar o buscar a alguien con quien te sientas en confianza.
No tienes que sostener toda la reunión ni esconder lo que sientes para cuidar a los demás.
El duelo también puede sentarse a la mesa sin quitarle lugar al amor, a la compañía o a los momentos agradables.
Déjate acompañar
Las fiestas pueden sentirse más pesadas cuando intentas sostener todo por tu cuenta. Si lo necesitas, pide ayuda para organizar la reunión, preparar la comida, atender a los niños o simplemente tener a alguien cerca.
También puedes decirle a una persona de confianza que estas fechas están siendo difíciles para ti. No necesita encontrar las palabras perfectas; a veces basta con saber que puedes acercarte a alguien si la ausencia pesa demasiado.
Y si estás acompañando a otras personas que también viven la pérdida, recuerda que cada quien puede necesitar algo distinto. Estar juntos no significa tener que sentir lo mismo ni recordar de la misma manera.
No tienes que atravesar estas fechas en soledad.
Bibliografía
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Rivas Bárcena, R., González Montoya, S., & Arredondo Leal, V. (2010). Duelo y rituales terapéuticos desde la óptica sistémica. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 11(4).
Worden, J. W. (2022). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia (5.ª ed. rev. y amp.). Paidós.



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