El 10 de mayo también puede doler.
Actualizado: 26 sept

Hay fechas que el mundo convierte en celebración y que, para muchas personas, se viven en silencio. El 10 de mayo es una de ellas.
Mientras escribo, me detengo, porque hablar de mamá no es solo hablar de un nombre, sino de un lugar en el pecho. A veces ese lugar es refugio; a veces es una grieta. Y aun así, ahí está: formando parte de lo que fuimos, de lo que aprendimos a amar y también de aquello que nos dolió.
Para muchas personas, una madre representa abrigo, fuerza, cuidado y raíz. Para otras, la historia puede ser más compleja. Hay vínculos amorosos, vínculos difíciles, ausencias, distancias y heridas que también forman parte de lo que significa decir “mamá”.
Y para quien ha amado a un hijo, la maternidad también ocupa un lugar difícil de explicar con palabras.
Cuando la vida toca la puerta del duelo, el amor no desaparece, pero la ausencia puede hacerse muy presente. Pesa en los días cotidianos y, a veces, pesa todavía más en esos días “especiales” en los que afuera todo parece invitarnos a celebrar mientras por dentro quizá solo queremos respirar.
Cuando la celebración se vuelve contraste
El 10 de mayo, para muchas personas, es sinónimo de flores, comida en familia, llamadas y gratitud.
Para otras, es un recordatorio que aprieta la garganta.
Mamá ya no está. O quizá está de una manera diferente. Su salud cambió, su memoria ya no reconoce como antes, existe distancia o la relación nunca fue aquello que necesitábamos que fuera.
Y entonces la celebración se vuelve contraste: vemos regalos, mensajes y festejos alrededor mientras por dentro aparece el eco de lo que falta.
Mayo puede doler en silencio.
Duele no tener a quién llamar. Extrañar una voz, una costumbre, una presencia. Duele recordar lo que sí tuvimos, pero también puede doler aquello que nunca ocurrió.
Y a veces duele sentir que los demás no comprenden por qué “todavía” nos afecta.
El duelo no tiene calendario. No obedece a fechas ni se acomoda a las expectativas de quienes nos rodean. Una celebración puede hacer que recuerdos y emociones que parecían más tranquilos vuelvan a sentirse cerca.
También puede aparecer culpa: por no sentirnos bien, por no querer celebrar o incluso por descubrir que, durante un momento, sí pudimos sonreír o disfrutar.
El duelo que no siempre se nombra
Pienso en quienes acompañan a una madre cuya salud se deteriora y viven, poco a poco, cambios que también implican pérdidas.
Pienso en las mujeres que llegan al 10 de mayo sin recibir un “feliz día” porque el hijo que esperaban, el hijo que criaron o el hijo con quien imaginaron compartir muchos años ya no está.
Pienso también en las pérdidas durante el embarazo, en las maternidades interrumpidas demasiado pronto y en esos duelos que no siempre reciben el espacio o el reconocimiento que necesitan.
Son historias distintas.
Pérdidas visibles e invisibles.
Y aunque el mundo no siempre sepa nombrarlas, siguen formando parte de la historia de quien las vive.
No se trata de idealizar la maternidad ni de asumir que todas las relaciones con una madre fueron amorosas. Cada historia es única. Algunas están llenas de cuidado y ternura; otras contienen ausencias, heridas o contradicciones.
Todas merecen ser miradas con respeto.
No tienes que sostenerlo en silencio
Si hoy esta fecha te pesa, si los recuerdos se sienten más cerca o si te sientes fuera de lugar en medio de los festejos, no tienes que atravesarlo en silencio.
Puedes necesitar compañía o preferir estar a solas. Recordar, llorar, no celebrar o simplemente dejar que el día pase.
No existe una manera correcta de vivir esta fecha.
Y si lo que despierta el 10 de mayo se vuelve difícil de sostener, un espacio de acompañamiento puede ayudarte a darle lugar a tu pérdida, a tu historia y a lo que estás sintiendo, sin apresurarte ni obligarte a vivirlo de una manera determinada.
Buscar apoyo también puede ser una forma de cuidarte.



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