Las cinco etapas del duelo, de Elisabeth Kübler-Ross
Actualizado: 24 sept

El modelo de las cinco etapas de Elisabeth Kübler-Ross es una de las explicaciones más conocidas sobre las respuestas que pueden aparecer ante la muerte y la pérdida. Surgió a partir de su trabajo con personas que enfrentaban enfermedades terminales y fue presentado en 1969 en su libro Sobre la muerte y los moribundos.
Kübler-Ross describió cinco experiencias frecuentes: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Con el tiempo, este modelo también comenzó a utilizarse para hablar del duelo por la muerte de un ser querido.
Sin embargo, estas etapas no deben entenderse como una secuencia obligatoria. Una persona puede experimentar algunas y no otras, volver a ellas en distintos momentos o vivirlas en un orden diferente. El duelo es mucho más variable que una serie de pasos que haya que completar.
Existen además otros modelos que ayudan a comprender el duelo, como las tareas propuestas por William Worden, que ponen mayor énfasis en la adaptación activa a la pérdida.
¿Quién fue Elisabeth Kübler-Ross?
Elisabeth Kübler-Ross (1926–2004) fue una médica y psiquiatra suiza-estadounidense reconocida por su trabajo con personas que enfrentaban enfermedades terminales y por contribuir a abrir la conversación sobre la muerte y el proceso de morir dentro del ámbito sanitario.
En 1969 publicó Sobre la muerte y los moribundos, obra en la que presentó el modelo de las cinco etapas a partir de sus observaciones y entrevistas con pacientes cercanos al final de la vida. Su trabajo tuvo una gran influencia en la manera de comprender y acompañar la muerte, aunque con el tiempo el modelo también ha sido revisado y matizado.
Las cinco etapas del duelo, Kübler-Ross
Negación: Puede aparecer como una reacción inicial de incredulidad ante una noticia dolorosa. La persona puede comprender racionalmente lo ocurrido y, al mismo tiempo, sentir que “no puede ser verdad” o actuar por momentos como si nada hubiera cambiado.
Más que una falta de aceptación voluntaria, puede funcionar como una forma temporal de asimilar una realidad demasiado difícil de procesar de golpe. Preguntas como “¿Es cierto?”, “¿cómo pudo pasar?” o “¿será un error?” pueden formar parte de esta experiencia.
No todas las personas pasan por esta etapa ni la viven con la misma intensidad.
Ira o Enojo: Pueden aparecer cuando la persona intenta comprender por qué ocurrió la pérdida o se enfrenta a una realidad que considera injusta, dolorosa o imposible de cambiar.
Este enojo puede dirigirse hacia uno mismo, familiares, profesionales de la salud, Dios, las circunstancias de la muerte o incluso hacia la persona que murió. A veces también se expresa como irritabilidad, frustración o necesidad de buscar responsables.
Sentir enojo no significa que exista falta de amor ni que el duelo se esté viviendo “mal”. Lo importante es reconocerlo y encontrar formas de expresarlo sin hacerse daño ni dañar a otras personas.
Quienes acompañan pueden ayudar escuchando sin tomar cada reacción como algo personal y poniendo límites cuando sea necesario.
Negociación: Puede aparecer como un intento de recuperar cierto control frente a una situación que ya no puede persona puede pensar en lo que habría hecho diferente o formular acuerdos internos del tipo “si hubiera…”, “ojalá hubiera tenido más tiempo” o “haría cualquier cosa por cambiar lo ocurrido”. En algunos casos, estas ideas también pueden dirigirse hacia Dios, la vida, el destino o los profesionales de la salud.Esta etapa puede estar muy relacionada con la culpa y con los pensamientos sobre lo que pudo hacerse de otra manera.No todas las personas viven la negociación de la misma forma ni necesariamente la expresan de manera consciente.
Depresión: En el modelo de Kübler-Ross, la depresión se refiere a un periodo de tristeza profunda, retraimiento y mayor contacto con la realidad de la pérdida.
Pueden aparecer llanto, cansancio, silencio, menor interés por actividades habituales o necesidad de estar más tiempo a solas. La persona empieza a dimensionar con mayor claridad lo que ha cambiado y lo que la ausencia significa en su vida.
Es importante aclarar que esta etapa no equivale automáticamente a una depresión clínica. La tristeza intensa puede formar parte del duelo; sin embargo, si el malestar es persistente, muy incapacitante o aparecen señales de riesgo, conviene buscar valoración profesional.
Tampoco todas las personas pasan por esta experiencia ni la viven con la misma intensidad.
Aceptación: No significa estar de acuerdo con lo ocurrido, dejar de extrañar ni sentirse bien todo el tiempo. Se refiere más bien a ir reconociendo la realidad de la pérdida y comenzar a reorganizar la vida a partir de ella.
Puede implicar retomar actividades, tomar decisiones, abrir espacio a nuevos proyectos o encontrar maneras de mantener el vínculo con quien murió sin que la ausencia ocupe cada momento de la vida.
La aceptación tampoco es un punto final definitivo. Hay fechas, recuerdos o cambios importantes que pueden reactivar emociones intensas, incluso cuando la persona ya ha logrado adaptarse en muchos aspectos.
Como en las demás etapas, no todas las personas llegan a vivir esta experiencia de la misma manera ni en un orden determinado.
Para tener en cuenta
El modelo de Kübler-Ross no plantea que las cinco etapas deban aparecer una después de otra ni que todas las personas tengan que atravesarlas. Pueden funcionar como una referencia para comprender algunas experiencias que aparecen frente a una pérdida, pero cada duelo tiene su propio recorrido.
Una persona puede identificarse con algunas etapas, vivir varias al mismo tiempo, volver a ellas en distintos momentos o no reconocer claramente ninguna. Por eso, más que preguntarnos “¿en qué etapa estoy?”, puede ser más útil preguntarnos qué estoy necesitando ahora, qué está siendo más difícil y qué recursos pueden ayudarme a continuar.
Transitar una pérdida también puede implicar momentos de soledad, necesidad de compañía, recuerdos que duelen y otros que comienzan a sentirse de manera distinta. Contar con personas capaces de acompañar sin apresurar ni juzgar puede hacer una diferencia importante.
El duelo no sigue un mapa único. Continuar tampoco significa olvidar, sino encontrar una forma propia de integrar la pérdida y conservar lo significativo de ese vínculo.
Referencias bibliográficas
Elisabeth Kübler-Ross Foundation. (s. f.). Elisabeth Kübler-Ross biography. Instituto Mexicano de Tanatología. (2011). ¿Cómo enfrentar la muerte?: Tanatología (3.ª ed., reimp.). Trillas Kübler-Ross, E. (2013). Sobre la muerte y los moribundos: Alivio del sufrimiento psicológico para los afectados (2.ª ed.; N. Daurella, Trad.). Debolsillo.
Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. Macmillan




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